¿Por qué lo llamas mascota cuando quieres decir socio?

¿Por qué lo llamas mascota cuando quieres decir socio?

Para algunos sectores resulta paradójico que perros y gatos concretos signifiquen tanto y los ajenos o sin propietario signifiquen tan poco

Mascota es una palabra cargada de potentes consideraciones para los amantes de los animales. Cómo “prueba del algodón” de la profundidad de la implicación de una persona o colectivo puedes usar la palabra mascota. Es un password tácito que delimita los diletantes de los entendidos de la causa por los animales.

Ante la palabra “mascota” los animalistas reaccionarán como tras un calambrazo y los “mascotistas” sonreirán complacidos. Lo que no saben los segundos que ese término se lo asignan despectivamente a los primeros. Se usa para identificar a aquellos que no han hecho el salto mortal que significa amar a los animales no humanos más allá de los que conviven con ellos. Para algunos sectores resulta paradójico que perros y gatos concretos signifiquen tanto y los ajenos o sin propietario signifiquen tan poco. Para los que han trascendido el compromiso más allá de su Boby o su Pepa todos los perros y gatos son valiosos más allá de la raza, la edad o la belleza.

Los perros llevan más de 10.000 años a nuestro lado y los gatos lo están considerando desde hace 9.000. Los mascoteros – todos o casi todos lo hemos sido o lo somos- consideran que casi cualquier animal puede ser compañero. El límite lo pone la falta de espacio, de dinero o el buen juicio de los compañeros de piso. Una cobaya, un conejo, una serpiente, un anfibio, un pez, un loro, un pony  o cualquier ser vivo no humano (asequible espacialmente) es considerado un potencial compañero. Y no debería ser así. La convivencia en una jaula, pecera, terrario o corral para compañía de las personas es muy cuestionable para los verdaderos amantes de los animales. Demasiadas veces amar no es poseer.

Ni mascota es correcto para definir a esos colegas y cómplices que por trayectoria de especie y encanto personal nos alegran el día sin ser bufones ni propiedades. Existe una controversia hacía la oportunidad de albergar especies que no estén claramente adaptadas a nuestras manías y estilo de vida. Los mensajes comerciales ofrecen nuevas criaturas cada vez menos dependientes, cada vez más vistosas y exóticas con el único fin de proveer de caprichos y de un ajuar carísimo que lucir en las redes. Ellos hablan de mascotas. Nosotros hablamos de socios de vida.

Emma Infante. Futuranimal.org